Las calles que separan tu casa y la mía me dicen que nos
echan de menos, de tanto que la cruzamos y la desgastamos. Al ver tus ojos, me
gritan que nos volvamos a salvar, que nadie nos robe el abril. Mis cosas en tus
cajones te dan la oportunidad y te encuentran conmigo. A mis derrotas ya no le
valen tus manos.
Las fotos ocupando espacio en mi ordenador están contadas,
aunque tú pienses que no son suficientes para llenar un corcho. La estación no
te busca ni el aeropuerto te llama. Mi mesilla no quiere tus libros, ni mi
móvil tus llamadas. París me sigue trayendo pesadillas de ti cada noche, y tú
lista de reproducción y la mía seguirán teniendo cosas en común. Es inútil.
Voy a ir al contrario, ganar la vida y perder los celos.
Te voy a pensar lejos, lejos y loco. Muy lejos. Aunque nunca
sea suficiente, aunque otra cintura te valga los fines de semana si te cruzas
con dos copas de más. Es inútil.
Como inútil éramos tú y yo, pese a todo.
Quisiste todo lo que se puede querer, y de eso no se puede
salir ileso, apostar al todo tiene sus consecuencias, y es tiempo para que las
escuches.
Nunca dormiste en esta cama conmigo, pero ella no entiende
de cuentas pendientes.
Ahora sí, estamos en un callejón sin salida… qué te voy a
contar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario